“Hasta que mi estupidez nos separe”, la carta que todo hombre debería leer
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“Hasta que mi estupidez nos separe”, la carta que todo hombre debería leer

La vida conyugal no es siempre un camino de rosas como a todos nos gustaría que fuera. Sin embargo, algunas personas aprenden a que se le parezca lo más posible conviviendo con quien más les quiere. Esta es la carta de un hombre que no lo comprendió a tiempo. Es francés, y su carta está recorriendo el país:

Hasta que mi estupidez nos separe

En la vida, todos pasamos por distintas fases. Hace un año, me separé de mi mujer. La dejé por otra mujer más bella.

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Mi ex mujer tenía sobrepeso, su piel llena de celulitis y con estrías. Su vientre y sus senos colgaban literalmente. No se cuidaba mucho, no se cepillaba el pelo, no se pintaba los labios ni las uñas, salía con zapatos gastados. Además, no cuidaba mucho su depilación. En dos palabras, ya no me atraía. La mujer que un día amé no existía más que en mis recuerdos.

Un año después de haberla dejado, la vi por azar. Irradiaba bienestar y se la veía increíblemente bella. Había perdido peso, llevaba ropa que le quedaba bien y sus labios brillaban en carmín. Su cuerpo no revelaba para nada que fuera madre de tres hijos, mis hijos.

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Entonces me tomé el tiempo de reflexionar sobre todo lo que no me gustaba de ella. ¿Sus kilos de más? Eran debidos a su último embarazo. Es cierto que tenía un gran vientre, pero es porque ella me había dado los más bellos regalos de mi vida, mis hijos. ¿La celulitis? Ella no tenía tiempo de ir al gimnasio pues se ocupaba todo el tiempo de sus pequeños. En realidad, a penas tenía tiempo de dedicarle a su pelo, a su depilación o a maquillarse normalmente.

Ella cocinaba, limpiaba, ordenaba y planchaba con una gran sonrisa. Amaba profundamente a su familia y llevaba la vida que ella consideraba como perfecta. Así pues, a partir de mi experiencia, quiero hacer llegar un mensaje a todos los hombres.

Sé lo que es tener a una mujer de verdad ante ti, pero lo destruí diciéndole que ya no la quería. Cambié la verdadera belleza por la belleza superficial. No pude comprender o apreciar a tiempo la felicidad auténtica de ser mujer y madre. Hoy en día, se pasa la mayor parte del tiempo con Benjamín, nuestro pequeño de un año, pues nuestros otros dos niños ya no precisaban tanto de ella.

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Ella ahora tiene más tiempo para ocuparse de sí misma y ha entendido que no necesitaba a un idiota en su vida para que le apreciara en su justa valía. Por desgracia, yo no me di cuenta a tiempo que la verdadera belleza reside en el interior de cada cual y que no hay que dar nunca por sentado que alguien va a estar a nuestro lado.

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