Las revistas para chicas me enseñaron a no querer ser una de ellas
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Las revistas para chicas me enseñaron a no querer ser una de ellas

Cuando eres pequeña no hay situación más emocionante y atrevida que esa en la que incumples una norma establecida por tu madre. Seguro alguna de vosotras tenéis una madre que no le dejaba leer las revistas para chicas, las típicas que encontrabas en todos los quioscos. Lo que vuestra madre no podía controlar eran las revistas de tus amigas, esas que leías con ansia viva cuando os reuníais después de la escuela.

Algo no funciona

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Fueron pasando los años y dejando de resultar emocionante e incluso interesante el contenido de esas revistas. Empecé a pensar y darme cuenta que no tenía dinero suficiente para permitirme todos esos productos que me aconsejaban, maquillaje, ropa, zapatos, etc..

Empiezas a sentir que esto no funciona cuando haces caso a esos consejos y cada vez te sientes más rara, más alejada. No es una sensación pasajera, simplemente te estas convirtiendo en otra persona, estas dejando de ser tú para ser como ellas y ellos quieren.

No podemos ser todos iguales

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Naturalmente que existen esas chicas y chicos que aparecen en la portada, pero son unos pocos. La vida te enseña que no hay nada exactamente igual, y cuando se trata del ser humano las diferencias se agrandan. Culturas, idiomas, acentos, colores de piel, forma de ojos, labios, orejas, podríamos seguir con una lista interminable, es por eso que no encaja la idea de crear un modelo de mujer o hombre, hay algo oscuro en ello.

La mujer material

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A resumidas cuentas la mujer que se nos presenta en estas revistas es la “mujer material”, esa mujer que cumple con todos los cañones marcados por la sociedad, su peso, su figura, su vestimenta, su forma de pensar. Es un tipo de mujer concreta, sin espacios para otra alternativa.

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